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¿Aprendizaje colaborativo en el Bachillerato por Internet?

Por kompass - 2 de Enero, 2007, 22:14, Categoría: Educación a distancia y TIC

Desde que nos planteamos el reto de diseñar el Bachillerato por Internet los profesores de los CEAD de Canarias hemos tenido que plantearnos muchos interrogantes que abarcan todos los componentes de este tipo de oferta educativa. Pero sin duda el interrogante central, el que da sentido a todo lo demás, es el alumnado. Cuando en septiembre teníamos ya preparados los materiales, se había hecho la campaña de matrícula, (con diferentes enfoques y peripecias, por cierto), y nos preparábamos para el inicio de esta nueva experiencia, teníamos muchas dudas sobre cómo responderían los alumnos a lo que nosotros les ofrecíamos.

    Hay que empezar asumiendo que estudiar Bachillerato no es sencillo, que requiere tiempo, esfuerzo, conocimientos previos, ciertas habilidades… y esto se complica aún más, si no puedes ver a tu profesor, o si sólo puedes ir al centro una o dos veces a la semana, si  compaginas trabajo, familia y estudios con años de ausencia del sistema escolar.  Por tanto, pensamos en unas aulas virtuales que suplieran hasta cierto punto la falta de comunicación directa cara a cara con los profesores, pero también con los compañeros, e intentemos dotarlas de materiales claros, interactivos, que facilitaran el autoaprendizaje.

    Teníamos dudas, por supuesto, pues ya sabíamos por experiencia que el alumnado adulto es heterogéneo, que en muchos casos carece de autonomía en el aprendizaje, que necesita orientación constante, y que para vencer su frustración y las tentaciones de abandonar y tirar la toalla íbamos a tener que ser creativos y buscar estrategias y dinámicas que nos apoyaran a nosotros en nuestro nuevo rol de mentores y a ellos en su esfuerzo como alumnos virtuales.

Pues bien, en diciembre se realizaron las primeras pruebas de evaluación. En mi centro se hicieron de forma presencial en nuestra sede, y había que ver el nerviosismo que nos atacaba: ¿Vendrán los alumnos on-line? ¿Cómo serán? ¿Cómo reaccionarán ante el examen?... Pues sí, lo cierto es que vinieron. No todos los que hubiéramos querido, pero vinieron, en mi opinión, en un porcentaje nada desdeñable.

En enero tenemos que tener la reunión de evaluación y poner las notas. No sé si en mi centro la evaluación de Bachillerato por Internet se hará en una sesión aparte o si irán con el grupo correspondiente (por alfabético orden). Pero habrá llegado el momento en que tendremos que empezar a despejar incógnitas. Cuántos se han presentado, qué resultados han obtenido, si puede establecerse un perfil del alumno/a con tendencia al éxito, qué motivaciones podemos detectar en los que persisten y en los que lo dejaron… Sería muy  instructivo  recoger los datos de ambos CEAD y las  opiniones de los dos equipos educativos 

Una de las cuestiones que me interesa personalmente es saber si los alumnos que más participaron en los foros, en los espacios sociales son también los que más se presentaron y los que tuvieron buenos resultados. Y es que la cuestión de la comunidad virtual de aprendizaje, por muy teórica que parezca me parece fundamental, no sólo por aquello que se dice de que las capacidades instrumentales pueden desarrollarse con la interacción tecnológica, mientras que las capacidades cognitivas sólo se desarrollan en la interacción social, y esto en mayor medida cuanto más complejas sean. No es sólo por eso, es que la idea de pertenencia a un grupo, la de compartir e intercambiar ideas, reflexiones, o dudas, la de identificarse de alguna manera con un grupo, aunque sea un grupo virtual, estoy absolutamente convencida de que refuerza el compromiso con el aprendizaje.

Pero otra cosa es si lo hemos hecho bien. Posiblemente es necesario que desde el comienzo se prepare un clima que facilite el encuentro, y eso fue en este caso complicado, dado que al ser la primera vez que se implementaba hubo complicaciones de diverso tipo que retrasaron el inicio de las actividades lectivas. Luego estaba la dificultad de insertar actividades  sincrónicas en las que pudieran participar un número suficiente de alumnos, por la diversidad de horarios y también de expectativas. Recuerdo varios chat en los que había más profes que alumnos… con diferencia. Es la delicada labor de andamiaje a la que se refiere Gill Salmon.

Por otro lado, se nos insiste mucho desde el punto de vista de las teorías pedagógicas sobre la formación on-line en el aprendizaje colaborativo, pero personalmente  no querría hacer una apología del mismo como vehículo primordial de aprendizaje en casos como el nuestro. Para que se dé el aprendizaje colaborativo y éste sea efectivo, hay que responder primero a la pregunta que todos nos hacemos en iguales circunstancias: "¿Qué saco yo de todo esto?" El aprendizaje colaborativo no es la dinámica a la que están acostumbrados nuestros alumnos, que lo que quieren es irse sacando el bachillerato, asignatura por asignatura, dedicándole el tiempo imprescindible, ya que en general los tienen muy justo. La cuestión sería, por tanto, si es compatible con sus estilos de aprendizajes. Por decirlo gráficamente: no podemos obligar a todo el mundo a que sea scout, por muy bonita que nos parezca la experiencia.

Esto no quiere decir que el aprendizaje colaborativo haya que desecharlo, pero sí que hay que valorar cuidadosamente cuándo, cómo y para qué lo usamos y sobre todo con quiénes lo usamos. Todos los que hemos participado como tutores o como alumnos en acciones formativas en las que había un peso importante en actividades de supuesto carácter colaborativo, sabemos lo frustrante que pueden llegar a ser, si su diseño y el apoyo y seguimiento que realicen los tutores no tiene una claridad y persistencia meridiana, puesto que obviamente no basta con abrir wikis y ofrecer un conjunto de tareas a elegir. Si el trabajo colabarativo cara a cara es complejo, en el medio virtual, donde hay que dominar nuevas estrategias de comunicación, es especialmente delicado. Por eso en algunos casos, cuando funcionan bien, las actividades colaborativas forman parte de lo que podríamos llamar el proceso de enganche en los cursos on-line. Afortunadamente, también conozco cursos de formación en los que la tasa de abandono es mínima precisamente porque se cuida el factor humano y las actividades grupales de tipo colaborativo tienen su justa dimensión pero siempre hay un espacio para el trabajo personal.

Encontrar el equilibrio entre la dimensión social del aprendizaje y el inevitable proceso de interiorización personal del conocimiento es sin duda difícil, y es un verdadero reto en nuestro caso.

En cualquier caso, creo que para los que participamos en esta innovadora experiencia es fundamental que nos planteemos estas cuestiones, desde los datos objetivos del alumnado hasta las estrategias más aconsejables para guiarles hacia el éxito.

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